DÍA INTERNACIONAL DE LA LUCHA CONTRA EL USO INDEBIDO Y EL TRÁFICO ILÍCITO DE DROGAS

 

MENSAJE DEL SECRETARIO GENERAL CON MOTIVO DEL DÍA INTERNACIONAL DE LA LUCHA CONTRA EL USO INDEBIDO Y EL TRÁFICO ILÍCITO DE DROGAS

El tráfico de drogas, que se consideró principalmente un problema social y penal, se ha transformado en los últimos años en una importante amenaza para la salud y la seguridad de pueblos y regiones. El mercado anual de opiáceos afganos, que asciende a 61.000 millones de dólares anuales, está financiando la insurgencia, el terrorismo internacional y una mayor desestabilización. En África Occidental, el comercio mundial de cocaína, con un valor de 85.000 millones de dólares, está aumentando la adición y el blanqueo de dinero, al tiempo que fomenta la inestabilidad política y las amenazas a la seguridad. Cada 1.000 millones de dólares de cocaína pura con la que se trafica en África Occidental obtienen más de diez veces más cuando se venden en las calles de Europa.

Como la amenaza es tan urgente, recientemente he establecido un Equipo de Tareas para elaborar una estrategia en todo el sistema de las Naciones Unidas para coordinar y fortalecer nuestra respuesta a las drogas ilícitas y la delincuencia organizada incorporándola en todas las actividades de las Naciones Unidas relativas al mantenimiento de la paz, la consolidación de la paz, la seguridad, el desarrollo y el desarme. De esta manera, las Naciones Unidas pueden integrar la lucha contra el tráfico de drogas y otras formas de delincuencia organizada en el programa mundial de seguridad y desarrollo.

La conmemoración de este año del Día Internacional de la lucha contra el uso indebido y el tráfico ilícito de drogas ofrece una oportunidad para destacar la importancia de hacer frente a esa doble amenaza mediante el estado de derecho y la prestación de servicios de salud. Nuestra conmemoración coincide con el quincuagésimo aniversario de la Convención Única sobre Estupefacientes de 1961.

Esa Convención, y los demás tratados internacionales principales sobre la fiscalización de drogas, hacen algo más que ayudarnos en la lucha contra el tráfico de drogas; protegen a las personas vulnerables mediante una amplia gama de actividades con las que se comprometen los Estados partes, entre ellas la educación y prevención, el tratamiento de la farmacodependencia, los cuidados y rehabilitación de los usuarios de drogas y el apoyo social.

Esas medidas son críticas, porque el uso de drogas es, fundamentalmente, un problema de salud. La farmacodependencia es una enfermedad, no un delito, los verdaderos delincuentes son los traficantes de drogas.

Sin embargo, la oferta es solamente la mitad de la ecuación. A menos que reduzcamos la demanda de drogas ilícitas nunca podremos abordar plenamente el cultivo, la producción o el tráfico.

Los gobiernos tienen la responsabilidad de contrarrestar el tráfico de drogas y el uso indebido de drogas, pero las comunidades también pueden hacer una contribución importante. Las familias, las escuelas, la sociedad civil y las organizaciones religiosas pueden hacer su parte para librar de drogas a sus comunidades. Las empresas pueden ayudar a proporcionar medios legítimos para ganarse la vida. Los medios de comunicación pueden aumentar la conciencia sobre los peligros de los estupefacientes.

Podremos tener éxito si reforzamos nuestro compromiso con los principios básicos de la salud y los derechos humanos, la responsabilidad compartida, un enfoque equilibrado para reducir la oferta y la demanda, y el acceso universal a la prevención, el tratamiento y el apoyo. Esto fomentará comunidades libres de delitos y violencia relacionados con las drogas, personas libres de la dependencia de las drogas que puedan contribuir a nuestro futuro común, y un mundo más seguro para todos.

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